domingo, diciembre 23, 2007

LOS MISIONEROS EN EL NUEVO MUNDO. DIEGO DE SAMANIEGO, s.l.

En este artículo nos vamos a fijar en los misioneros que en Hispanoamérica y Extremo Oriente hicieron cristiandad y ciudadanía, una obra en la que ellos han sido los artífices principales. Ninguna colonización ha calado más hondo en el individuo y en la sociedad como la que sembraron aquello héroes sin historia escrita. Defendieron a los indígenas, aprendieron sus lenguas, vivieron con ellos y como ellos, la mayoría, allí murieron y fueron enterrados.

Esto le sucedió al jesuita Diego de Samaniego, que le toco vivir el periplo de la conquista del Nuevo Mundo y se embarcó como misionero para predicar a los indios.

DATOS BIOGRÁFICOS
La biografía de Diego de Samaniego está estractada en el Catálogo de algunos Varones Insignes en santidad de la Provincia del Perú de la Compañía de Jesús, cuyo autor es el padre Anello Oliva.
Nació en Talavera la Real en 1.541. Como muchos de su época eligió la carrera religiosa, cursando dos años de filosofía y tres de medicina antes de entrar en la Compañía de Jesús en Salamanca el 17 de octubre de 1.561. Otra fecha que tenemos de su ingreso en la Compañía de Jesús es el 1 de enero de 1.561.
Recién ordenado sacerdote fue maestro de novicios entre 1.567 y 1.570 en Medina del Campo (Valladolid). Más tarde, operario (religioso que se ocupa de cuidar de lo espiritual y confesar a los enfermos y moribundos) en Valladolid hasta 1.584.
Ya en 1.585 se había ofrecido para ir a las Indias al P. General Francisco de Borja, pero la Compañía no quería dejarlo ir por la gran estima que le tenía.

LA EXPEDICIÓN DE 1.585 Y SU ESTANCIA EN INDIAS
La expedición del padre Samaniego con destino a Perú aparece en el Archivo de Indias, Sección Indiferente, General 2869 II y Contratación 5538, Real Cédula de concesión de fecha 7 de julio de 1.584. Con esta misma fecha zarpó para el Perú, cuando contaba la edad de 43 años, en el navío cuyo maestre era Rodrigo González, la expedición, de unos 20 jesuitas, era conducida por el procurador P. Andrés López, que muerto al llegar a Panamá es sustituido por Samaniego como superior.
LLegó a Lima el 8 de junio de 1.585 y, descartado un primer destino a Quito, fue enviado al Colegio del Potosí, como entrada para la misión que quería abrirse en Santa Cruz de la Sierra. Es hoy esta ciudad el centro geográfico de la actual Bolivia, llamada entonces Alto Perú.

LOS INDIOS CHIRIGUANOS
Lo mismo que los franciscanos y los dominicos, también los jesuitas intentaron evangelizar a los indios chiriguanos. En la literatura de la época eran considerados como los prototipos de la ferocidad y de la dureza, de la rebelión y de la resistencia, como en Chile los araucanos. Su territorio, que bien puede llamarse la chiriguanía, ocupaba la cordillera a lo largo de las últimas estribaciones de los Andes, desde la Argentina, al sur, hasta el Perú, al norte, en la actual Bolivia. Eran cinco sus grupos principales: chiriguanos, yucares, lecos, mosetones y chimames. Dice el padre Barrasa en su "Historia del Perú" que los misioneros llevaban cotas de malla debajo de la sotana para defenderse de las saetas que pudieran lanzarle los indios.

LA MISIÓN DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
La ciudad española más próxima era la de Chuquisaca (actual Sucre). Santa Cruz de la Sierra estaba ya muy cerca de la cordillera de los chiriguanos. Los primeros contactos para establecerse allí surgieron de modo casual, cuando un vecino de aquella ciudad se encontraba en Lima y abordó al padre Samaniego invitándole a pasar algunos días con ellos allí en Santa Cruz. Los españoles que por allí vivían los recibirían con el mayor consuelo. A veces se pasaban varios meses sin poder oír misa ni tener a mano sacerdotes que los atendieran, y en todo el contorno existían muchos indios que tendrán bien ocupado el celo de cuaquier misionero. Se comunicó el asunto al padre provincial le encomendó al propio padre Samaniego como una primera experimentación. Pasó por la residencia de Julí y allí se le unió un antiguo compañero suyo de Valladolid, el padre Diego Martínez. Era el año 1.586.
En la primavera de 1.587 podían entrar sin percances previos en Santa Cruz, saludados por el alcalde, el ayuntamiento en pleno, por todo el pueblo. Quedaban hospedados en una casa que les cedió el gobernador e iniciaron inmediatamente su labor de evangelización con los españoles y con los indios.
Desde la ciudad hacían de vez en cuando sus salidas para contactar con las tribus indias del contorno, cuyas lenguas se dedicaron a aprender: tupis, tolonaras, chiriguanos, y otras dispersas por aquellas latitudes hasta las fronteras con Brasil y Paraguay.
Se dice que entre los chiriguanos lograron formar unos 500 matrimonios cristianos. En vista del fruto conseguido, en 1.590, les enviaba el padre provincial dos compañeros más: los padres Ángelo Monitola y Jerónimo de Andión. Entre los cuatro fundaron la primera residencia en Santa Cruz de la Sierra y extendieron su radio de acción hasta descubrir el territorio de los indios moxos y chiquitos, que había de ser una floreciente misión.
Desde mayo de 1.587 hasta su muerte, el 7 de marzo de 1.621, trabajó en Santa Cruz de la Sierra, Santiago del Puerto y San Lorenzo de la Frontera. En 1.600 era superior de la misión.

SU OBRA LITERARIA
En la tierra en la que están destinados aprenden las lenguas indígenas, las reducen a arte gramatical, escriben gramáticas, diccionarios, catecismos, sermonarios. Los enseñan y predican en las escuelas, colegios y universidades que fundan.
El padre Samaniego cultivó también la faceta de escritor, componiendo una gramática, vocabulario, un catecismo, letanías y cantos en chiriguano, de la familia lingüística del guaraní.

El conocimiento del padre Samaniego lo tuvimos a través de Abdón Moreno, que ya había pedido la colaboración de nuestro paisano y querido misionero Josely, estante en aquellas tierras, en el rastreo de las composiciones del padre Diego de Samaniego.

Grupo de Coros y Danzas "Luis Chamizo"
Sección de Investigación de la Historia y el Folklore
(Autores: C. Cansado, A. Corzo y A. Gómez)

Estractado del artículo publicado en la revista de Semana Santa de Talavera la Real 2004.