miércoles, enero 02, 2008

JUAN CARMONA SIERRA.

JUAN CARMONA SIERRA.
LA PINTURA RELIGIOSA EN LOS SIGLOS XIX-XX.

UNA BREVE BIOGRAFÍA DE JUAN CARMONA
Nace Juan Eugenio en la villa de Talavera la Real, el día 13 de noviembre de 1.863, es hijo de Antonio Carmona y de Teresa Sierra.
Inició sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Madrid y posteriormente se traslada a Badajoz, continuando su carrera en el Seminario de San Atón. El diaconado lo recibe el 21 de septiembre de 1.901. Se hicieron las amonestaciones en la parroquia de San Andrés, y residía en su feligresía desde 1.892. El 15 de mayo de 1.902 se ordenó de presbítero, vemos que a causa de su edad, 39 años, el paso desde Órdenes Menores al sacerdocio es muy rápido. Compaginaba sus estudios eclesiásticos con su afición a la pintura.
Recién ordenado sacerdote, fue destinado a las Madres Concepcionistas de Mérida el 7 de abril de 1.902. Estuvo de sacerdote dos veces en la Parroquia de San Fernando y Santa Isabel de Badajoz, la primera etapa de 9 meses, en la segunda- octubre de 1.916- estuvo 3 años, administró 128 bautizos, realizó una labor social muy buena, sobre todo con la juventud. De San Fernando pasó a Mérida y después a Torremayor.
Los últimos años de su vida los pasó en Badajoz como cura particular dependiendo del obispado. Falleció Juan Carmona muy anciano en Badajoz, el 25 de octubre de 1.941.

CLERECÍA Y AFICIÓN A LA PINTURA
Al mismo tiempo que hacía sus estudios eclesiásticos, Carmona recibía clases de dibujo y pintura de Felipe Checa en la Escuela Municipal de Dibujo, siendo uno de sus alumnos más aventajados junto con José Rebollo.
Se puede encuadrar a J. Carmona en el costumbrismo de la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX. Una miscelánea entre lo costumbrista y lo religioso, un típico exponente de un curioso polifacetísmo, practicando según Orbaneja (seudónimo de F. Checa), una pintura más tradicional.
En la casa curato de la Parroquia de San Fernando, creó una clase de pintura. Entre los discípulos mas aventajados está J. Rebollo, que realizó una preciosa lámina miniada en el 2º Libro de Defunciones de la citada parroquia.
Durante su estancia en Torremayor se colocaron las campanas grabadas en la hermosa torre de la iglesia parroquial de Santiago.
La obra de Carmona se puede dividir en dos grupos: bodegones, y figuras y composiciones; en este segundo grupo podríamos encajar su pintura religiosa.

CRISIS EN LA PINTURA RELIGIOSA DE LOS SIGLOS XIX-XX
Ya a finales del siglo XIX uno de los críticos de arte españoles más influyentes, Luis Alfonso, trazaba una valoración de los resultados obtenidos en el campo del género religioso: todos, absolutamente todos los intentos efectuados en lo que va de siglo para producir cuadros religiosos han fracasado. Les ha faltado la fe. Luis Alfonso no era el único en pensar así, no hacía más que expresar el sentimiento común de la época. Los hombres de la segunda mitad del siglo XIX, se vieron a sí mismos como miembros de una sociedad descreída, en la que la filosofía y la ciencia habían desplazado la religión.
Como retóricamente se preguntaba el asturiano José Caveda y Nava: “Cuando la indiferencia sustituye al misticismo y a los consuelos del cielo se quieren anteponer los de la tierra. ¿Cómo alcanzaríamos hoy a expresar el santo pudor, la celestial belleza, la resignación consoladora, el sufrimiento sublime, la esperanza mística, el incontrastable poderío de la fe, que supieron eternizar en sus lienzos nuestros pintores de los siglos XVI y XVII?”
En Extremadura tenemos dos pintores que han dado muestras de ello, el Divino Morales (siglo XVI) que pertenece al universo de la devoción popular. Sus obras de uso privado, de pequeño formato expresan momentos y figuras de la historia del cristianismo de una forma sencilla y directa para fomentar el sentimiento religioso, la meditación privada o el rezo público. Pocos como él de entre los pintores renacentistas expresó con tal cierto el misticismo ascético de los temas religiosos –para sentirlo sólo tenemos que fijarnos en un escuálido Ecce Homo-.
O Zurbarán (siglo XVII), el mejor intérprete de la vida monástica española, que cree profundamente en el carácter sacro de la materia, porque Dios existe y está cercano a la realidad natural; de la materia hace brotar la luz que las figuras necesitan.
La verdadera naturaleza de la pintura de costumbres religiosas era laica, no eclesial, y a sus cultivadores no le interesaba la espiritualidad sino, en el mejor de los casos, la sociología. En ella lo religioso era simplemente un pretexto. No debe por consiguiente extrañar que a la larga el género fuese perdiendo todo carácter edificante para caer en la sentimentalidad de falsa especie, en la anécdota o simplemente en la banalidad, como sucede en uno de los fenómenos más significativos –y también más deleznables- de la pintura de finales de siglo: el monaguillismo.
Pintores de la talla del valenciano José Benllíure y de los extremeños Felipe Checa y Nicanor Álvarez Gata, practicaron este género superficial y que intentaba en definitiva ser una crítica ácida a la clerecía de la época.

LA TEMÁTICA RELIGIOSA
A pesar de la crisis de la pintura en ese siglo, nuestro paisano se atrevió con la pintura religiosa, y según Francisco Pedraja (crítico de arte y pintor), “hizo de sus pinceles un instrumento de proyección pastoral”. Sus obras de temática religiosa las podemos clasificar en:
Obras de carácter moralizante:
La limosna, (1.908).
El buen consejo, (1.922)
Pinturas bíblicas y de santos:
Descendimiento de la Cruz, Torremayor (1.929) óleo sobre lienzo de 108x48 cms., tuvo entrada en el Museo de Bellas Artes de Badajoz en 1.996. (Ver foto).
Jesús Niño echado sobre la Cruz.
Virgen con el Niño, (sin data)
San Antonio con el Niño Jesús, (1.881) óleo sobre lienzo, sin marco, de 71,5x52,5 cms. con firma de J. Carmona, propiedad de un particular en Talavera la Real. (Ver foto).
El bautismo de Jesús, (1.903) pintura al óleo que se conserva en la Parroquia de la Asunción de Calamonte. (Ver foto).
Pinturas en estandartes y libros:
Estandarte de San José, existe en la ermita de San José un estandarte perteneciente a la cofradía del mismo nombre, pintado por Juan Carmona. Es un óleo sobre lienzo con la figura de San José con el Niño en brazos de medidas de 36x44 cms., con firma de Juan Carmona (1.888). Hacemos una llamada de atención sobre la urgente necesidad de restauración de esta pintura. Una foto completa del estandarte se puede ver en nuestro artículo “La Hermandad de San José” en la Revista de Semana Santa del año 2.001
Estandarte de la Inmaculada, existe en la Parroquia de Ntra. Sra. de Gracia otro estandarte de una Inmaculada que pensamos que es obra de Carmona, ya que hay un ramo de azucenas que se repite lo mismo que en el de San José. Los angelitos no están muy perfeccionados en cara, brazos y piernas. Un detalle es que este estandarte no está firmado, algo inusual en la obra de Carmona.
Miniatura a plumilla sobre el Bautismo, que realizó Carmona en el folio 154 del Libro Segundo de Bautismos de la Parroquia de San Fernando y Santa Isabel.
Retratos de personalidades religiosas:
Retrato del Obispo D. Fernando Ramírez, hay en la Parroquia de San Fernando y Santa Isabel un retrato al óleo del Obispo D. Fernando Ramírez Vázquez promotor de esta parroquia y que hace sospechar que sea de Juan Carmona aunque no aparezca su firma.
El monaguillismo:
Al igual que su maestro Checa, Carmona fue seguidor del género y practicó el monaguillismo, un trasunto muy solicitado en la época, un estilo decimonónico (del siglo XIX) de divertimento social, donde curas y monaguillos conviven en una relación pícara y crítica que hoy nos resulta pueril. Entre sus obras de este tipo:
La últimas chupadas (1.904) propiedad de la Sra. Viuda de Sierra. Representa tres monaguillos que consumen una botella de vino. De colorido vibrante y buen ritmo compositivo que se adapta a la estructura alargada del cuadro.
En la Sacristía (cuadro sin data).
Otros trabajos son los que hizo en el Claustro Mudéjar del Monasterio de Guadalupe. O su faceta de copista de grandes pintores, tenemos como por ejemplo la copia que hizo del Expolio del Greco.

LA OBRA DE JUAN CARMONA Y SU ANÁLISIS.
La obra pictórica de Juan Carmona, no está catalogada, encontrándose ésta muy dispersa y muchos de sus cuadros en paradero desconocido.
Francisco Pedraja, que es un estudioso de la pintura del siglo XIX , realiza una critica de nuestro paisano en su tesis doctoral. “Su calidad artística es notable pese al carácter un tanto prieto de su dibujo, reflejando en su obra claramente las influencias de Checa, en especial en lo tocante al color. Realista consumado, cultivó toda clase de asuntos”.
Carmona era un asiduo concurrente a las exposiciones de pintura: Ateneo de Badajoz, Nacionales de Bellas Artes, de Pintores Castellanos, Iberoamericana de Sevilla, etc. Obteniendo en las mismas premios y medallas, recibiendo elogios por parte de la crítica.
Pretendemos con este artículo una primera aproximación a la obra de Juan Carmona y también la recuperación de este artista para nuestra historia local.



Grupo de Coros y Danzas Luis Chamizo
Sección de Investigación de la Historia y Folklore
Autores: C. Cansado, A. Corzo y A. Gómez.

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