viernes, diciembre 20, 2013

UNA MIRADA ENTRAÑABLE AL S. JOSÉ DE MI PUEBLO, RECIÉN RESTAURADO.


Desde Roma, FELIZ NAVIDAD:
Una mirada entrañable al S. José de mi pueblo, recien restaurado.
  
Abdón Moreno



Primer plano de las imágenes de San José y el niño Jesús de Talavera la Real.

                Tengo que reconocer que al llegar la Navidad, siempre me pareció misteriosa y tierna la presencia de S. José en el Portal de Belén. Casi siempre la iconografía del Portal, lo pone con los ojos fijos en el Niño, otras veces mira al cielo o a María, y otras muchas mira directamente a la humanidad. Qué ternura en el Nacimiento de Luis de Morales (1509-1586) de la Col. Marquesa de Santa Cruz,  o en el de J.A. de Frías y Escalante (1633-1670) del Museo de Sevilla. Qué sosiego en la Adoración de los pastores de B.E. Murilo (1618-1682) del Museo del Prado; o en la de V. Juan Masip (1475-1546) del Museo de Bellas Artes de Valencia. Qué alegría desprende jugando con el Niño y el perro en la Sagrada Familia de Murillo, del Museo del Prado. Qué generosidad entregando el Niño a María, en la sagrada Familia de Alonso Cano (1601-1667) del Convento del Ángel de Granada. Qué confianza con el Niño, coronado de laurel por los ángeles, y acercándolo a su cintura en el S. José y el Niño del Greco (1540-1614) del Museo de Santa Cruz de Toledo. Qué señorío y elegancia muestra el Spañoleto (1591-1652) del Museo del Prado.
Y para terminar con Eugenio extremeño: Qué humildad ante Cristo Resucitado, en la impresionante (2.52x1.66cm) Coronación de S José de Francisco  Zurbarán (1598-1664)

                A lo largo de los siglos, la Hª del Arte ha derrochado múltiples obras de arte para cantar y venerar la vida del carpintero de Nazaret, y la Iglesia ha dedicado a S. José un culto de intensidad creciente, que al principio fue más bien privado, y que con carácter público comenzó en las Iglesias Orientales ya en el siglo II, con testimonios más decisivos en el IV y V. En la Iglesia latina el culto público a S. José comienza en el siglo IX, y se generalizó a partir del s. XIII. El Papa Sixto IV (1471-1484), en el siglo XV, instituye la fiesta litúrgica y ordena incluirla en el Breviario y en el Misal.


Detalle de la túnica y el manto de San José en proceso de restauración.
                
1.- Introducción

                En el año 1971, cuando yo era un joven estudiante de Filosofía, se cumplía el primer Centenario de la proclamación de S. José como Patrono Universal de la Iglesia. Fue el Papa PIO IX quien lo declaró así en sus Letras Apostólicas Inclytum Patriarcham, de 7 de junio de 1871. Ese mismo año, el Ministerio de Educación y Ciencia organizó en Madrid, para celebrar el susodicho aniversario, una magna Exposición San José en al arte español en el Museo de Arte Contemporáneo, dirigida por D. Florentino Pérez-Embid, a la sazón Director general de Bellas Artes. Tuve la inmensa suerte de visitar dicha Exposición cuando yo contaba 19 años, y despertó tal admiración y tal interés en mí, que me lancé como un pequeño neófito a descubrir al S. José de mi querido pueblo, Talavera la Real. Yo me decía en mis adentros: “El S. José nuestro es más bonito que todos estos”. Era el furor de un neófito talaverano que va descubriendo el mundo del Arte, que desembocó en mirar y remirar, observar, escrutar, valorar y sopesar el valor artístico del S. José de Talavera.
               

Detalle de San José y el niño antes de empezar el proceso de restauración.

                Cuanto he buscado desde entonces cualquier documentación histórica que pudiera ayudarme a estudiar la autoría y la biografía cronológica de dicha imagen, sin haberlo logrado hasta el momento. Ni los Archivos del Arzobispado, ni el Archivo de la Parroquia de Talavera, ni el Archivo histórico provincial, han dejado huellas de la cuestión.
               
                A diferencia de nuestro impresionante Retablo Mayor de la Parroquia de estilo plateresco, del cual hemos conseguido toda la documentación notarial de los contratos con sus autores, tallistas, pintores, doradores, estofadores… De S. José no sabemos, científicamente hablando, ni quien fue su autor, ni cuando se hizo, ni qué talaveranos tomaron la decisión de encargar tan maravillosa escultura de su Patrón.


Detalle de la corona de fiesta de S. José con la inscripción ABBA.


2.- Poema de la nostalgia

                En fin, cuarenta años de rastreos y búsqueda insaciable, llenos de entrañables recuerdos espirituales y festivos, tras las huellas de S. José. Cuando uno ha pasado tantos años fuera de   su pueblo se le pone alma de emigrante. Que le pregunten sino a los talaveranos que se fueron a Alemania o a Cataluña. La nostalgia por las propias raíces crece sobremanera, e incluso se idealiza la propia mismidad que hunde sus raíces en un paisaje, en un olor, en unas calles o plazas donde jugaba cuando niño; en unos rostros que giraban alrededor de las Luminarias la víspera de la fiesta; alrededor de la Novena, de la Procesión, del Traslado a la Parroquia; del beso de la Medalla en la despedida del Patrón. Las mujeres talaveranas limpiaban las fachadas, estrenaban sus trajes, hacían dulces caseros en el horno; las empanadas lucían el ojaldre mas fino que nunca; los famosos  moldes de lata se llenaban de manteca para las magdalenas talaveranas (Todavía hay en el doblao de mi casa un cajón de madera con dichos moldes). Se mandaban bandejas de dulces a las casas que tenían luto (¡Qué bonita costumbre! Parece que estoy viendo entrar por la puerta de mi casa a Antonia Codosero con una enorme bandeja de dulces, cuando murió mi padre).
Es gratamente inolvidable mi infancia de monaguillo cuajada de bellos recuerdos talaveranos y josefinos. En mi casa era el día más importante del año, había que ponerse gemelos en la camisa y zapatos nuevos. Mi madre, tan devota de S. José, estrenaba abrigo de verano con bolso y tacones altos para la Misa, y entraba en la Iglesia de su pueblo del brazo de mi padre, con sus cinco hijos, con la dignidad de una reina que retorna del exilio. ¡Cuánto le gustaba a mi padre verla con tacón alto, cuánto le gustaba lucirla! (Esta idea no es míea, me la dijo Trini la Milana en una boda, y se me saltaron las lagrimas de orgullo). Que perdone el lector esta intromisión en mi intimidad familiar, pero que procure entender que no puedo separar a mi madre del día de S. José, y baste para ello una sola razón: He tenido la suerte inmensa de parte de Dios, de tener los mejores profesores de Europa, tanto en Roma como en Friburgo en Alemania, tanto en Jerusalén como en Inglaterra, y hoy tengo el orgullo de decir, que nunca nadie me enseñó tanto de la vida como mi madre. Lo más importante que sé en mi vida me lo enseñó ella; los fundamentos más hondos que dirigen mis decisiones los puso ella; y todavía hoy, cuando me llega la perplejidad a la hora de tomar decisiones, miro al Sagrario y le pregunto a Jesucristo. ¿Qué haría mi madre ahora? Y os aseguro que siempre encuentro una inmensa luz para actuar con la  seguridad de que eso es lo que haría mi madre.


En esta imagen podemos observar algunos de los desperfectos.

                 Punto final: La corona de fiesta de S. José y las potencias del Niño con sus esmeraldas, las mandó hacer ella, como acción de gracias por lo que S. José había hecho con sus cinco hijos, y yo cumplí fielmente sus deseos grabando en la corona tres veces, en señal de grito y énfasis,  la palabra aramea que es la madre de la fe cristiana en la filiación divina del Nuevo Testamento: ABBÁ (papá). Os puedo asegurar que no hay ninguna imagen en la Archidiócesis que tenga una corona tan bella en su cabeza como la de S. José de Talavera, realizada a punzón y buril por el mejor platero de Sevilla. Que El bendiga a todas las familias de Talavera, especialmente a las más necesitadas de su paternidad.



             Corona de fiesta de San José.                


                     Aquel precioso día del Patrón de Talavera hicimos la primera comunión todos mis hermanos. Y lo más importante para nosotros, ese bendito día de S. José podíamos invitar a todos los amigos a comer dulces en casa después de la Misa. Como no me voy acordar de aquellos baños vidriados llenos de perrunillas, de mantecados, de magdalenas que llenaban la despensa; de la lumbre más encendida que nunca con los calderos llenos de empanadas y flores; cómo me voy a olvidar del rechupeteo con los dedos del relleno de los mangos.

                Que disculpe el lector estos suspiros de la infancia. Justo es que quien lleva fuera de su pueblo desde los diez años no se olvide de los huesos de sus abuelos. Sólo intentaba darle un aire casero a mi pluma, un tono de intimidad familiar, -casi de mesa de camilla, o de tertulia de velatorio, cuando empezamos a contar las anécdotas de niños- a la hora de hablar de la restauración de S. José. Vamos al toro.

3.- Iconografía de S. José

                La iconografía de S. José en la Historia del Arte se extiende y despliega en torno a 15 núcleos temáticos. En torno a esos núcleos se han producido en el arte universal diversas manifestaciones en epigrafía y mosaicos, en el arte paleocristiano y bizantino; en pintura y escultura, en orfebrería y linotipias, grabados y frescos, cantorales, breviarios y unciales, desde el alto medioevo hasta nuestros días.
               

Huida a Egipto. San José, la Virgen y el niño Jesús. En el retablo de la parroquial de Talavera la Real.

  Los referidos núcleos progresan en su orden biográfico:

1.- S. José solo.
2.-Los desposorios.
3.- La visitación de Isabel.
4.- Las dudas de José.
5.- El nacimiento de Jesucristo.
6.- La adoración de los pastores.
7.- La presentación de Jesús en el templo.
8.- La adoración de los magos.
9.- la huida a Egipto.
10.- La sagrada familia.
11.- S. José y el Niño.
12.- Jesús entre los doctores.
13.- El taller de Nazaret.
14.- La coronación de S. José.
15.- La muerte de José. 
    
  
 4.- La restauración


Proceso de restauración de San José.

                La imagen de nuestro patrón había perdido toda la viveza y colorido propias de la época en que fue tallada, segunda mitad del s. XVIII, cuando el barroco está ya apuntando al rococó. Nuestra imagen tiene mucho movimiento en los pliegues de su manto, y en los contrastes de su policromía, así como en la postura del Niño y su ropaje. Iconográficamente tiene una característica muy bella y original: S. José está mirando al Niño, como si sólo existiera para El, mientras que el Niño solamente mira al pueblo. Esa mirada tiene una ternura y una alegría muy especial, quizás solo superada por la mirada sonriente del S. José del Espagnoleto, José de Ribera (1591-1652), o por la de Zurbarán en La adoración de los Reyes del s. XVII.


               Detalle de la cara del niño Jesús en el proceso de restauración.

                La iconografía de S. José normalmente lo presenta como un anciano venerable y bondadoso. Pero ésa no es la imagen teológicamente más probable e históricamente más verosímil.
Por la costumbre de los esponsales, por la altísima responsabilidad del ministerio paternal que Dios iba a confiarle, y hasta por la necesidad de duros y constantes trabajos para sacar adelante la vida del Niño y de su Madre, el Carpintero sería un varón fuerte y joven, poco mayor de aquella doncella con la que se había desposado. Hemos de recordar que los esponsales judíos se realizaban cuando la mujer tenía entre 14 y 16 años, aunque la boda oficial fuera un poco después.



Potencias del Niño Jesús con las esmeraldas.

               
                Nuestra imagen tiene la soberana belleza de la juventud, en la que el artesano de Nazaret tiene la prestancia física que necesitó en el largo viaje a Egipto, y en los años de dura brega y de protectora intimidad hogareña. Precisamente eso, es lo que más me gusta del S. José de mi pueblo, que es un joven apuesto entre los 25 y 30 años. Curiosamente, las dos imágenes de S. José que muestran los preciosos bajorrelieves de nuestro retablo mayor del s. XVI, también presentan a un S. José joven lleno de energía y vitalidad.
                              
               
La Presentación en el Templo. San José, la Virgen, el Niño y el Sacerdote. Retablo mayor de la Parroquial de Talavera la Real.

              La restauradora de la Catedral de Badajoz, Almudena Villar, procede a la limpieza de todos los óxidos de los barnices de diferentes épocas, y afronta una restauración en profundidad de la imagen de S. José, recuperando todas las texturas originales, y estucando las rajas y desperfectos, a la vez que reintegra todos los elementos que faltan. El resultado es una maravilla, propia de una gran profesional.
               
                Nuestra imagen de S. José presentaba varios problemas.  La principal, varias rajas en la madera que había roto el estucado de la imagen, una de ellas atravesaba su cara, otra mas acentuada corría a lo largo de la espalda. Junto a ello, todo el interior del manto estaba absolutamente repintado en un gris tosco que le daba cierta  tristeza. Además, todos los barnices de diferentes épocas, de desigual calidad estaban oxidados y le daba a la imagen un tono amarillento inapropiado, y que no respondía en absoluto al original.
               
                Por otra parte, el Niño tenía partidos varios dedos, que había que reintegrar; y el paño sobre el que se asienta, presentaba repintes que no responden al original.


  Detalle de la mano del Niño antes de ser restaurada.

                A la postre, todo el vestido del santo estaba sucio y oxidado, que impedía ver el oro original y los colores vivos de la decoración del mismo.
               
                Ante todo lo cual, la Cofradía de S. José afronta la cuestión, y toma la decisión de restaurar a su titular, con el agrado y colaboración de todos los talaveranos.
               
                Avisamos al lector que observe en las fotos media cara limpia, un ojo repintado y otro ya limpio.
               
                Al igual, en las fotos se puede observar el medio forro del manto limpio en sus tonos verde y plata, que le han dado una viveza y una alegría a la imagen, de la que estaba privada.


  Detalle del manto de San José. Estaba repintado y se va sacando el tono original.             

                En las fotos se ven muy bien los oxidados amarillentos, los ojos repintados con maquillaje, y el paño en el que sujeta S. José al Niño color marrón, que no tiene nada que ver con el burdeos y plata del original.
               
                El lector puede observar en la siguiente foto:
:

San José y el Niño Jesús restaurados.

a) Los dedos del Niño.
b) Los ojos en su original textura.
c) El Paño del Niño en Burdeos y plata.
d) El precioso forro original en verde mar y plata.
e) La reintegración del estucado del manto.
f)  El oro ya limpio y la policromía original que acentúan la decoración.
               
               Quiero cerrar este breve ensayo con una cita de Santa Teresa, donde la doctora de la Iglesia habla de S. José y nos anima a tratar con él y a tenerle devoción:
                “Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso Santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios… Sólo pido por amor a Dios, que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción”, Libro de la Vida, cap. 6.


Detalle del rostro de San José durante el proceso de restauración.

                 Desde la Web de Talavera la Real, deseo a todos los talaveranos una Feliz Navidad de la mano de S. José. Un recuerdo muy especial para todos los talaveranos que están en los hospitales o en la emigración, en la cárcel o en el asilo. Con el entrañable deseo de que todas las familias de mi querido pueblo tengan salud y trabajo. ¡Cuánto daría yo por conseguir una fábrica de 500 obreros para mi querido Talavera!
               
                No sería baladí que en el próximo 2014, ante momentos de perplejidad en nuestra vida, nos preguntásemos todos: ¿Qué haría S. José en esta situación? Y con la luz de su presencia y protección, tratar de imitarlo. Ésa es la mejor devoción a S. José: vivir como él vivió, entregado a Dios y a los hombres. ¡Entremos en el Portal de Belén con nuestros niños y nuestros enfermos con el mismo cariño que S. José entró!


Detalle de la inscripción grabada en el dorso de la corona de S. José.


                  Pongo punto final con un texto venerable que alimentó la espiritualidad de muchos Monasterios. Así cantaba la vieja antífona de la Misa de S. José en los leccionarios del Alto Medioevo:
 ¡Fecit te Deus quasi patrem regis et Dominus universae domus eius! (TE HIZO DIOS CASI EL PADRE DE UN REY Y SEÑOR DE TODA SU CASA)