Hace muchos años, en Talavera la Real, se contaba una antigua leyenda sobre las sirenas que habitaban en las aguas cercanas. Se decía que eran seres de extraordinaria belleza que ayudaban a los hombres en sus tareas y que moraban en los ríos y fuentes de la región.
Una noche de luna llena, un pescador, Pedro, decidió aventurarse en las aguas de la Rivera de Los Limonetes en busca de la presa más grande de su vida. Mientras remaba en su pequeña embarcación, escuchó una melodiosa voz que lo llamaba desde lo profundo de la rivera. Intrigado, se acercó a la orilla y vio a una hermosa sirena que se peinaba su largo cabello con un peine de oro.
La sirena, Minerva, le pidió ayuda para encontrar un tesoro escondido en las aguas de la rivera. Sin dudarlo, Pedro se sumergió en las frías aguas y juntos buscaron entre las rocas hasta encontrar un cofre lleno de monedas de oro y joyas preciosas.
Agradecida por su ayuda, Minerva le concedió a Pedro un deseo. Él, sin pensarlo dos veces, pidió que el pueblo de Talavera la Real prosperara y que sus habitantes vivieran en paz y armonía por siempre.
Desde ese día, se dice que la suerte acompañó a Talavera la Real y que la presencia de las sirenas en sus aguas les traía prosperidad y fortuna. Y aunque la leyenda de Minerva y Pedro se fue transmitiendo de generación en generación, en el pueblo siempre se recordaba con cariño la historia de cómo un pescador y una sirena lograron unir sus destinos por el bien de todos.
Sin embargo, con el paso de los años, la historia de Minerva se fue desvaneciendo en la memoria de los talaveranos. La vida moderna trajo consigo nuevos desafíos, y los jóvenes comenzaron a alejarse de la rivera, distrayéndose con las luces y los ruidos de la localidad. Las enseñanzas de la leyenda parecieron perderse, y con ellas, la conexión con la naturaleza y la magia de las aguas.
Un día, en el corazón de Talavera, Lucía decidió explorar las orillas de la rivera. Era una soñadora, con la mente llena de historias sobre sirenas y tesoros perdidos. Cuando se sentó a la orilla, dejó que sus pies tocaran el agua fresca y cerró los ojos, imaginando que la melodía de la sirena resonaba en su cabeza.
De repente, sintió una suave brisa que agitaba su cabello y, al abrir los ojos, se encontró con una visión deslumbrante: Minerva, la sirena del pasado, emergió del agua con una brillantez casi etérea. Lucía quedó atónita, incapaz de hablar. La sirena sonrió con dulzura y le dijo que había venido a buscar a alguien con el corazón puro, justo como Pedro en su día.
"Las aguas de la rivera necesitan recordar su magia," dijo Minerva. "La prosperidad que tanto deseó tu antepasado ha comenzado a desvanecerse, y con ello, la protección que otorgamos al pueblo. Pero aún hay esperanza, Lucía. Debes ayudarme a recordarles a todos, la importancia de la armonía con la naturaleza y la unión entre ellos."
Lucía, animada por la revelación, reunió rápidamente a los niños del pueblo y les habló sobre la leyenda de Minerva y Pedro. Juntos, decidieron organizar un festival en honor a las sirenas, donde revivirían antiguos rituales y tradiciones que habían caído en el olvido. Los padres y abuelos inicialmente se mostraron escépticos, pero pronto la energía contagiosa de la niñez encendió la llama de la esperanza. El día del festival, la rivera de Los Limonetes se llenó de cantos, bailes y risas. Los aldeanos construyeron una gran ofrenda en la orilla, adornándola con flores. Minerva, observando desde las aguas, sintió cómo la magia comenzaba a fluir de nuevo. Cuando la luna llena iluminó el cielo, la sirena emergió, esta vez acompañada por otras criaturas del agua, y juntas entonaron una melodía que evocaba momentos de unión y paz.
Minerva, conmovida por la devoción del pueblo, vio que su deseo de prosperidad podía restaurarse. Agradecida, les prometió que siempre protegería la rivera y que su hogar estaría bendecido siempre que creyeran en la magia de la naturaleza y en la fuerza de la comunidad.
Desde ese día, tal y como había ocurrido antes con Pedro, la prosperidad regresó a Talavera. La gente aprendió a respetar la rivera, a cuidar de su entorno y, sobre todo, a recordar la importancia de estar unidos. La leyenda de Minerva y Pedro volvió a ser contada, pero esta vez se añadió un nuevo capítulo: la historia de Lucía y cómo, a través de su fe y su amor por la naturaleza, revivió la antigua conexión entre el pueblo y las sirenas.
Y así, el ciclo de la leyenda se cerró, pero su magia siguió fluyendo a través de las aguas de los Limonetes, recordando a todos que lo más valioso en la vida está en la unión, la gratitud y el respeto por nuestro entorno.
LAURA NÚÑEZ SALGUERO. Noviembre 2024.
BIOGRAFÍA
Laura Núñez Salguero, asistente de dirección, técnico en comercio internacional y escritora, nace en Talavera la Real, en 1997, donde crece y descubre su amor por los libros desde una edad muy temprana. En el CEIP San José es premiada por ser la persona que más libros había leído del centro. Posteriormente, en su instituto Bachiller Diego Sánchez es premiada por el relato El miedo más común y, unos años más tarde, en el instituto Zurbarán de Badajoz, con el relato La máquina del tiempo, hechos que desencadenan la publicación de su primer libro: Emociones de papel, en 2018.
En octubre de 2022, nos deleita con su segundo libro, El resurgir de las letras, enmarcado en el género literario de surrealismo mágico.
En la actualidad, continúa formándose en distintas áreas compaginando esa formación con la escritura, cada vez más presente en su vida, motivo por el cual se presenta a todo concurso que le resulta interesante. Se mantiene con el fiel propósito de acercar la lectura a los más jóvenes, por lo que este año, ha participado en la publicación de una limitada antología junto a otras escritoras de la mano de Diversidad Literaria, Cosechadoras de historias.